Esta guerra le estaba causando
tanto dolor
que un día decidió ponerse
un escudo.
Este escudo le protegía de cada vala,
y,tras ponérselo,no volvió a herirse más.
Pero el hierro frío de la armadura
que rozaba contra su piel
apenas le dejába ya sentir.
Sabía que a partir de ahí
todo había cambiado.
Ya nada sería igual.